Como un suspiro de aire fresco de la mañana llegaste a mi.
Tu vela empujada por los vientos del este te acercó a mi orilla.
Arribaste a mi puerto, gravemente dañado por las tormentas,
sin miedo a perder la integridad de tu ser, mas consciente del peligro,
valiente marinero que decidió dejar pasar la marejada,
y se entregó a repararme pacientemente,
atracado permaneciste en mi,
calmo y sereno, bañándome de tu paz.
Hoy te acuno en el suave oleaje de mi corazón.
Y allí es donde muy dentro de mi,
guardo y aguardo nuestro amor.

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